me transformo, me integro

Camila Fuenzalida Polanco

Viña del Mar, 1988. Arquitecta y Activadora de Útero. Estudié arquitectura como una posibilidad de entender cómo habitamos nuestros territorios. Trabajo en patrimonio porque siento que ese es un modo de conectarme con nuestras raíces, con lo que nos conecta e identifica como comunidad. Pinto, bailo, escribo, amo.

Abro este camino a partir de mi propio andar y una voz propia. Un linaje de mujeres que ha debido silenciar a su mujer salvaje dejando oculto su fuego, su poder creativo y la soberanía sobre su cuerpo como territorio. Un linaje de mujeres que ha encontrado validación y amor propio a partir de los valores del patriarcado: la razón, la eficiencia, la linealidad, la productividad, la obediencia y el “deber ser” con el anhelo de ser vistas, y con ello, amadas.

Mis mujeres nunca me hablaron de los poderes que mi útero y mi cuerpo albergaban. Nunca me hablaron que en mi útero se concentraba todo el poder y la sabiduría que me mostraría el camino para vivir la vida de manera auténtica y gozosa, poderosa desde el gozo, con creatividad sobre mi propia realidad, y la virtud de mi ciclicidad.

Todo esto lo encontré circulando con otras mujeres; conociendo y amando profundamente mi ciclicidad y los poderes físicos, psíquicos y emocionales que en ésta encontré al conocer el método sintotérmico. Vinculé a mi útero con mi corazón y mi consciencia. Me observé y me sentí parte de la ciclicidad universal, de los ritmos de la naturaleza, de los ciclos lunares y los ciclos de la vida humana.

Al morir mi abuela, caí en la cuenta que estaba lista para ser madre, y ese vínculo entre muerte y vida, amor gozoso y duelo, me transportaron a un viaje desde mi embarazo hasta el puerperio que me trajo visiones trascendentales respecto a cómo quiero yo vivir el “ser mujer”, y con qué libertad espero que pueda vivirla mi hija Margarita.

El parto de mi hija ha sido el viaje portal más poderoso y transformador que he vivido hasta ahora, un viaje onírico, en donde recordé como ser mujer salvaje, creadora, instintiva e intuitiva. Dos mujeres me anunciaron apenas algunas luces de lo que encontraría en esa travesía; que el dolor iba a ir paulatinamente en aumento, pero que éste era un dolor bueno porque me traería a mi hija; que mi cuerpo iba a ser lo suficientemente bueno como para darme una oleada de dolor seguida de una oleada de placer, ritmo que haría posible llegar al final de la meta; y que cuando creyera que me iba a morir del dolor, estaría lista para parir a mi hija.

Así fue. Recuerdo todo como un viaje a través de un túnel oscuro, con muchas visiones poderosas, danzando un oleaje de dolor y placer. Me morí. Renové cada una de mis células para transformarme en la mujer que nació con mi hija. Recuerdo el alumbramiento como un destello de luz blanca, y un orgásmico placer que sólo me trajo risas; no lloré de emoción, sino que grité de placer. 

Esa experiencia salvaje que traje a la vida a través de mi cuerpo, es una de las millonésimas manifestaciones del origen de la Unidad y del poder que está albergado en nuestro útero: gestar, parir y nutrir. Esa danza entre el placer y el dolor, la vida y la muerte, el dolor y la oscuridad, mujer doncella y mujer bruja, es la salvaje danza de la ciclidad que está custodiada por todas nosotras como un don para la humanidad.

Quiero re-cordar, volver a traer al corazón y a mi consciencia, el poder de esa danza cíclica y salvaje, que acontece incansablemente desde que nacemos hasta que morimos en nuestros cuerpos menstruantes.